Siempre me he preguntado: ¿Qué es lo que motiva a una persona a dedicarse a una disciplina que exige tiempo y sacrificio, sin recibir a cambio un reconocimiento equivalente a su esfuerzo? Pues ésta es la situación de la mayoría de los autores de cómic independiente en México, un país que poco a poco ha empezado a dar cabida a la narrativa gráfica, a los autores y a un público cada vez más grande. Pero la hora de la verdad ha llegado, es momento de probar si México está listo para mantener una industria joven como la del cómic independiente.

Desde hace casi 3 años empezó mi aventura como autor de cómics y me gustaría compartir mi experiencia y mi peculiar punto de vista acerca de la condición de esta joven industria.

Mi primer acercamiento al cómic no se dio gracias a los superhéroes, sino a las caricaturas japonesas. En ese entonces a mi me gustaba comprar los mangas de Rouroni Kenshin, Sakura Card Captors, Shaman King, fue en esa época que se dio el boom del manga y anime, y la verdad me gustaba sentirme parte de ese movimiento.

En ese momento, en la industria del cómic nacional se publicaban Simón Simonazo, Meteorix, Zeraky, entre muchos otros, que en su momento no tuve la oportunidad de conocer. En lo personal, no me sentía atraído por ninguno de los cómics nacionales y al parecer yo no fui el único que pensaba así, ya que en esa época, el cómic mexicano sufrió un fuerte golpe. Se dejaron de publicar cómics independientes y los artistas consagrados cada vez encontraban menos espacios. En ese tiempo yo estaba en la preparatoria y seguía siendo fanático del manga y el anime, pero al ingresar a la universidad todo cambió.

Entré a estudiar Diseño Gráfico porque había leído en la revista Dibujarte que varias personas de las que admiraba habían estudiado esa carrera (también en ese entonces fue el boom de las escuelas de diseño gráfico). En la facultad uno de los profesores me recomendó algunos de los autores mexicanos que cambiaron mi vida, el primero de ellos fue José Quintero, sus tiras de Buba eran geniales, llenas de un humor muy peculiar y bastante inteligente. Los siguientes dos autores llegaron a mi en forma de un solo libro titulado, “Gris, a través de los otoños” de Patricio Betteo y Tony Sandoval, una de las mejores novelas gráficas que he tenido el placer de leer. Mi encuentro con estos autores hizo que me diera cuenta que los buenos cómics no sólo venían en forma de superhéroes, sino que había algo más, los cómics servían para contar historias diferentes.

Buba y Gris, a través de los otoños

Ejemplar de Buba y de “Gris, a través de los otoños”

Un par de años después leí un libro de Scott Mc Cloud ¿Cómo hacer cómics?, un libro con teoría sobre el cómic y su estructura narrativa. Ese fue el detonante de mi carrera. Por esos días yo estaba ya en los últimos semestres de la facultad y como todo “estudiambre” sólo tenía dinero suficiente para cubrir mis gastos escolares y no contaba con dinero suficiente para comprar los cómics que quería,  así que centré mi atención en el creciente mundo del web cómic. Leí infinidad de cómics en línea, tantos que no recuerdo el nombre de la mayoría de ellos, pero en ese momento sentí que había encontrado lo que estaba buscando.

Gracias a mi preparación profesional pude hacerme de una página web a un bajo costo y lance mi primer web cómic, “El curioso mundo de Nathan y Joo”, que inició siendo un experimento, una prueba con la que pretendía explorar el medio y sus alcances. De golpe terminé descubriendo que esto iba en serio, que el cómic era ese lugar donde me sentía por completo a gusto. Seguí actualizando mi cómic semana a semana durante casi un año, a prueba y error, hasta que ese mismo año me enteré de un evento llamado FESTO Cómic, un evento que junta a los autores de cómic nacionales para presentar de manera exclusiva su nuevo material. Fue ahí donde conocí a muchos de los autores de cómic en México y fue entonces cuando me decidí a dar el siguiente paso, sacar la versión impresa de mi cómic.

Para juntar el dinero e imprimir el primer número de mi cómic, tuve que recurrir no sólo a mis padres, si no también a mis propios (y también escasos) ingresos, aparte de un recurso de crowdfunding muy popular llamado Fondeadora. De esta manera fue como mi primer cómic vio la luz, y qué mejor manera de estrenarse que en FESTO Cómic, un evento donde el libro tuvo una muy buena aceptación al igual que en La Mole Comic Con. En esos momentos me sentía realizado, por fin estaba viviendo mi sueño, pero la realidad era otra. ¿Qué pasa el resto del año? ¿Había otros eventos de cómic de la talla de FESTO y La Mole? ¿Había un público lo suficientemente amplio? ¿Cómo iba a distribuir el resto de mis cómics? ¿En que tiendas? ¿En qué estados? ¿Podía realmente vivir de esto?

No pensé demasiado en esos aspectos cuando inicié mi carrera y aún sigo tratando de encontrar respuesta a estas últimas cuestiones, sin embargo, me siento optimista con respecto al tema y, si me preguntan por qué me dedico a hacer cómics, responderé que es la única manera en que veo mi vida y estoy dispuesto a darlo todo por lo que me apasiona, “contar historias con dibujitos”.

Agente John Jonson

Agente John Jonson

Adicto a la narrativa gráfica y las libretas de dibujo. Es ilustrador freelance y autor de cómic independiente.