Antes de empezar con el dilema que hoy traigo, un poco de historia del cine no nos hará daño alguno.

Por el año de 1930, Hollywood comenzaba a hacerse camino para ser el monstruo que hoy conocemos, sin embargo, no siempre fue tan variado en cuanto a géneros. Una asociación de productores cinematográficos decidió que el cine sólo podía mostrar lo que para ellos era correcto, moralmente hablando (Código Hays). Esto a consecuencia de no idear pensamientos violentos o corruptos al público. De hecho, el código se basaba en tres ideas principales:

  • No se autorizará ningún film que pueda rebajar el nivel moral de los espectadores. Nunca se conducirá al espectador a tomar partido por el crimen, el mal, el pecado.
  • Los géneros de vida descritos en el film serán correctos, teniendo en cuenta las exigencias particulares del drama y del espectáculo.
  • La ley, natural o humana, no será ridiculizada y la simpatía del auditorio no irá hacia aquellos que la violentan.

Estos incluían pequeños subtemas como religión, sexualidad, adicciones, etc. Nunca acabaríamos.  Ahora, detengan un momento su ratón a pensar ¿y si eso sucediera con los cómics? Pues sucedió, casi veinte años después.

Fredric Werthman (1895-1981), psiquiatra y escritor, ayudó mucho al movimiento de propagar la idea de que los cómics eran dañinos para quienes los leyeras; llevaban al lector a la violencia  y a atentar contra la sociedad.  En su primer libro, “El cerebro como órgano”, se basaba en el trabajo que realizaba con jóvenes problemáticos a quienes atribuía su conducta por la influencia que éstos tenían gracias a los medios de comunicación, tales como películas, series y cómics en los que mostraran los temas de violencia, sexo y corrupción.

“Los cómics, en el peor de los casos, son demoníacos; en el mejor, simple basura”.

Fredric Wertham

Los cómics eran extraordinariamente populares entre todos los jóvenes de la época, así que no era de sorprender que los jóvenes criminales también los consumiesen en grandes cantidades, pero Wertham hizo hincapié en ello y vio una siniestra conexión.

Comenzó así un boicot: libros, entrevistas, artículos en revistas, todos enfocados hacia el incorrecto contenido que los cómics llevaban dentro. Weerthman afirmaba que el mal comportamiento era causado por los cómics principalmente. Su libro más famoso, “La seduccion del inocente”, fue el detonante para que la gente lamentablemente lo escuchara y le diera la razón.

¿Pero cómo lo hizo? Logró que el Congreso de Estados Unidos guiara a una comisión para la creación del Código del Cómic, el cual estaba basado en el Código Hays, y servía para decidir qué debía tener un cómic para ser acreditado.

Éste prohibía presentar a las autoridades en general de alguna forma corrupta o que pusiera en duda su moral hacia con los ciudadanos. No obstante, añadía a los requisitos que “en toda circunstancia el bien pueda triunfar sobre el mal” (lo sé, miles de historias que nos gustan… no existirían).

Creada en 1954, la Comics Code Authority (CCA, Autoridad del Código de Cómics) se centraba básicamente en decidir qué historia saldría a la luz y cuál tenía que ser reescrita para que fuese considerada apta al público. ¿El motivo? No todos los cómics eran moralmente aceptables.

Sello de la CCA

Y fue así que un sin fin de historias fueron perdiendo esa esencia de hacerlo más real, de no siempre contarnos el mismo cliché del bueno venciendo fácilmente al malo. Hubo infinidad de editoriales que retaron al código, batallas ganadas y perdidas, pero no todo fue malo, gracias a ello en los 60’s llegaron los cómics underground, quienes se encargaron de plasmar todo aquello prohibido.

Para 1971, Stan Lee escribe un cómic de Spiderman donde trata el tema de drogas, dado que era por petición del Departamento de Salud de los Estados Unidos para tratar de concientizar a la población sobre los efectos negativos de las mismas. Sorpresivamente la CCA lo aprueba, argumentando que se presentan como peligrosas para la sociedad. Sin embargo, éste no salió con el sello de acreditación. ¿Curioso, no? Aún así tuvo un buen recibimiento por la sociedad.

Palabras más, palabras menos, poco a poco el código fue amoldándose a la sociedad en la que vivía, los ideales y la libertad de expresión fueron cambiando y esto ayudó a que hoy por hoy, logremos encontrar mil y un historias tan retorcidas, creativas, reales y, sobre todo, únicas en toda la esencia de su ser.

Aún en la actualidad podemos encontrar cómics con el sellito de aprobación, pero son más quienes dejaron a un lado este código y siguen sus sueños y sus historias tal cual las crearon.

Imágenes: Comics Alliance

Mrs. Van Wilde

Mrs. Van Wilde

Diseñadora gráfica y escritora de día, superhéroe no certificada de noche. Amante de libros y su fiel mascota.