Como los Morlocks en La Máquina Del Tiempo de H. G. Wells, hay una clase de hombres que vive en la oscuridad subterránea y sólo emerge por la noche.

Robert Crumb es esa clase de hombre. Reconocido como la primera estrella del cómic underground, su larga trayectoria de casi 5 décadas ha dejado obras chocantes, sorprendentes y, para algunos, repulsivas.

Siendo joven, Crumb se mudó a Cleveland y por 5 años trabajó para la American Greetings Corporation, la empresa de tarjetas de felicitación más grande del mundo, en donde su trabajo como ilustrador lo hizo desarrollar una técnica que se volvería parte de su propio estilo. En sus propias palabras: “Mi jefe me decía que mis dibujos eran demasiado grotescos. Fui capacitado para dibujar pequeños personajes neutros y “lindos”, lo que influyó en mi técnica, incluso ahora mi trabajo tiene esta ‘ternura’ en él”.

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Su vida cambió un día de junio del año 1965 cuando un “viaje” en LSD lo llevó a descubrir otro lado de sí mismo. A partir de esta experiencia Crumb desarrollaría el estilo surrealista y psicodélico que lo hizo famoso. En aquellos tiempos, a mediados de la década de los sesenta y principios de los setenta, el LSD era la droga preferida de la comunidad hippie, particularmente en San Francisco, donde era muy popular entre las bandas más representativas, tales como Jefferson Airplane, Grateful Dead y Big Brother and the Holding Company (la banda en la que Janis Joplin era vocalista). En su paso por San Francisco, Crumb, con la ayuda de Charles Plymell y Don Donahue, logra publicar su propio cómic: Zap Comix.

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Aunque todo empezó con Crumb y su primera esposa vendiendo los primeros ejemplares de Zap Comix por las calles de San Francisco -junto a la carreola de su bebé-, el éxito llegó y pronto sus primeros trabajos estuvieron disponibles en las librerías. Fue precisamente Zap Comix #1 el cómic que sentó el precedente de lo que estaba por venir. Nació así el movimiento de los cómics underground (o underground comix, pues la “x” implica una “clasificación X”), que, junto a otros artistas como Jack “Jaxon” Jackson, Gilbert Shelton, Spain Rodriguez, Vaughn Bodé o Willy Murphy, llenaron páginas y páginas con representaciones explícitas de sexo, uso de drogas, violencia y protestas.

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En ese primer número de Zap ya aparecen algunas de las imágenes más famosas de Crumb, como la de Keep on Truckin que por años fue uno de sus dolores de cabeza. A pesar de las demandas y la incomodidad del propio Crumb, la imagen se convirtió en un ícono de la contracultura de los sesentas. Fue la fama de esta imagen la que hizo decir a Janis Joplin cuando escuchó que a Crumb le gustaría conocerla: “Wow! The ‘Keep on Fuckin’ guy! I’d love to know him”. Cuando a Crumb lo invitaron a diseñar la portada para un nuevo disco, él dijo “Yeah, I’ll do your album cover, but the only thing is, when I meet Janis, I want to be able to pinch her tit”.

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Años después Crumb abandonaría a muchos de sus primeros personajes -empezando con la muerte de Fritz the Cat– en favor de un estilo más personal y autobiográfico. Pero el sexo, sus fetiches y sus relaciones con las mujeres son temas siempre presentes, a pesar de la controversia que acarrea su obra.

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Crumb, quien ha dicho de sí mismo “a partir de los veinte me volví un loco excitado, obsesionado con retorcidas fantasías sexuales que no tenían nada que ver con la realidad” ha sido señalado en distintas ocasiones debido a que sus cómics han sido descritos como “violentamente misóginos, por cómo vierte gráficamente lo que eran esencialmente sus fantasías masturbatorias en la página impresa. Las mujeres eran violadas, desmembradas, mutiladas y asesinadas, a veces todo a la vez”.

Existe también una faceta menos extraña del artista. Y es que Crumb es un ávido coleccionista de discos antiguos de 78 rpm -con casi 5,000 piezas en su colección- de blues, “jug bands”, folk y jazz, y su admiración por esta música le ha inspirado a escribir historias de las vidas de músicos como Charley Patton, Frank Melrose y Jelly Roll Morton, además de participar en sus propios grupos, R. Crumb & His Cheap Suit Serenaders y Les Primitifs Du Futur.

Terry Zwigoff, uno de sus compañeros en The Cheap Suit Serenaders, es director de cine. Al principio de la década de los noventas, antes de que la familia Crumb decidiera marcharse al sur de Francia debido a su creciente disgusto con la cultura y los valores estadounidenses, Zwigoff filmó a Crumb y su familia en un documental que tomó seis años en grabarse, en él revelaba las excentricidades y la psicología no sólo de Robert y su controversial obra, sino de sus hermanos, Max y Charles. Éste último, de quien descubrimos con tristeza, cometió suicidio antes de que el documental fuera lanzado.

El documental, “Crumb”, en alusión a los 3 hermanos, tuvo cierto éxito en la taquilla, tanto en Estados Unidos como en algunos países en Europa. El famoso crítico, Roger Ebert, calificando el documental con 4 de 4 estrellas, escribió que “Crumb es un filme que le da un nuevo significado al concepto de arte como terapia”. Como escribió Desson Howe: “Nadie está más consciente de la bestia interior que Crumb. Y nadie ha transformado a ese monstruo con tanto éxito en arte popular”. Quizá sea el mejor resumen de Crumb.

Caption: The Little Guy That Lives Inside My Brain

The Little Guy That Lives Inside My Brain

 

Imágenes: The Guardian, Anonymous Works, oerendhard1, Glowingman638, Ian Burt, hellboys_master, AJ Gorman

Marvin

Marvin

Coleccionista de nieve derretida y árboles binarios. Creador de software imaginario. Lucha contra la entropía para terminar de leer los libros de todas las bibliotecas.